La Monja es una película estadounidense de terror sobrenatural dirigida por Corin Hardy y escrita por Gary Dauberman y James Wann, estrenada en septiembre del 2018. Es la quinta entrega de la saga del Conjuro y pre-cuela de la película del Conjuro 2. Toma lugar 20 años antes en los cincuentas y el demonio Valak parece rondar un convento de monjas en Rumania.

La película inicia cuando una de las monjas acosadas por Valak se suicida y despierta el interés del Vaticano, que manda a un cura con experiencia en exorcismos (el padre Burke) y a una novicia. Son ayudados por un habitante local que habla rumano, francés, inglés apodado Frenchie. El padre y la novicia comienzan a investigar los secretos del convento abandonado. Esa es básicamente la trama de la historia.
El concepto en sí no es muy original, pero la manera en que se desarrolla y presenta una historia puede convertir cualquier idea en una obra maestra. Este no fue el caso de ‘La Monja’, lamentablemente. La película, de inicio a fin, está formada por clichés, como linternas que dejan de funcionar en los momentos menos oportunos y personajes que no parecen tener la capacidad de tomar decisiones competentes.

El guion fue la principal falla en esta entrega ya que carece de creatividad y coherencia. Pareciera que los guionistas escribieron todas las escenas de miedo que se les pudieron ocurrir y el resto de la historia fue formada con el objetivo de proporcionarle sentido y secuencia a las escenas que querían mostrar.
Es por esto que el resto de las escenas son exclusivamente de exposición. Como en la escena en la que el padre y la aspirante a Monja están sentados, hablando de las visiones que ella tiene. Él le cuenta sobre un exorcismo que realizó a un niño que terminó muriendo, sólo para que la escena siguiente el niño regresara como un demonio y atacara al padre.
El problema con esto es que la audiencia sabe exactamente lo que está ocurriendo. Se les dice toda la información previamente y no se les deja averiguar ciertas cosas por ellos mismos, por lo que no se genera ningún sentimiento de intriga o misterio. Prácticamente todo lo que ocurre en la película puede ser predicho fácilmente.
Para empeorar las cosas, el diálogo entre personajes intenta desesperadamente darle sentido a la historia de alguna manera, pero no hay nada detrás. Los personajes no tienen una personalidad o complejidad, sólo están ahí para tomar decisiones incoherentes y tener miedo.
Cuando se tiene personajes superficiales, la audiencia no logra conectar con ellos. Para que el público se preocupe por lo que les está ocurriendo, debe conocerlos primero, deben sentirse como personas reales con dudas, miedos y defectos, con razones por las que hacen lo que hacen. El público no tiene que estar de acuerdo con sus decisiones, simplemente debe comprender por qué las están tomando.
La verdadera razón por la que esta película fracasó es simple: no da miedo. Claro, algunas veces el público dará un salto en su asiento porque ocurrió algo inesperado. Pero el jump scare es un truco barato que sólo genera una reacción instintiva. Es como cuando alguien hace cosquillas y hace reír a otra persona, no significa que ésta se esté divirtiendo o que realmente haya ocurrido algo gracioso.

Cualquiera puede generar un sonido extremadamente fuerte acompañado de una imagen que surge de la nada para sobresaltar a las personas, pero no cualquiera puede generar un miedo e inquietud incisivos en el público durante toda la película. ‘La Monja’ se sirvió únicamente del viejo truco de los jump scares y efectos visuales para producir sustos nada más que momentáneos.
Con esta falta de creatividad, originalidad y esfuerzo, se pudo ver que el único objetivo de la franquicia del Conjuro se ha vuelto lucrar, cosa que fue lograda, ya que ésta entrega fue la más taquillera de la saga, recaudando más de $360 millones de dólares en taquilla de acuerdo con el periódico ‘El Financiero’ en 2019. El hambre por dinero continúa dañando a la creación del arte, es una triste realidad de la actualidad.